José Ignacio Arranz es Colegiado de Honor de nuestro Colegio gaditano desde el año 2009. Un hombre polifacético que ha logrado compatibilizar siempre su actividad profesional veterinaria con una fuerte vocación artística como organista, una faceta que ha terminado convirtiéndose también en su profesión.

José Ignacio estudió en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció en 1983. En 1985 ya había ganado las oposiciones del Cuerpo de Veterinarios Titulares, y desde entonces desarrolló la mayor parte de su carrera profesional al servicio de la Seguridad Alimentaria, dentro de la Salud Pública.

De hecho, su trabajo hace realidad el paradigma de “Una sola Salud”, concepto que los veterinarios llevamos años defendiendo, mucho antes de que se acuñara el término “One Health”.

Jubilado recientemente, Arranz ha dedicado la mayor parte de su vida laboral a la Administración Sanitaria, desempeñando cargos de responsabilidad como Director Ejecutivo de la AESAN, en cuya creación y puesta en marcha participó directamente. También ha trabajado en el ámbito privado, ocupando cargos de Dirección General y Presidencia en el Foro Interalimentario (asociación de empresas alimentarias interproveedoras de Mercadona) y en la Dirección General de Mercamadrid.

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Cuando le preguntamos cómo definiría su actividad veterinaria, José Ignacio se describe como un firme creyente en la triada del Análisis del Riesgo Alimentario. Él mismo se considera un gestor de riesgos alimentarios, tanto normativos como instrumentales. Casi 13 años de desempeño ininterrumpido como Subdirector General de Higiene de los Alimentos / Seguridad Alimentaria lo acreditan. Sin embargo, también ha trabajado en la Evaluación del Riesgo, especialmente cuando coordinó el Comité Científico de la entonces AESA como Subdirector General de Coordinación Científica. Y en todos estos puestos, su labor de Comunicación del Riesgo ha sido crucial. Además, su actividad internacional, especialmente dentro de la Unión Europea y como consultor de organizaciones de Naciones Unidas, como la FAO o la Organización Panamericana de la Salud, ha sido igualmente destacada.

Resulta curioso que, con toda esta dedicación a la protección de la salud pública, José Ignacio haya encontrado tiempo para cultivar su faceta musical, una pasión que lo acompaña desde su niñez. Solo de esa manera es posible: Al calor de una vocación se pueden lograr verdaderas proezas. José Ignacio Arranz realizó sus estudios musicales en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, especializándose en órgano, aunque sigue estudiando todos los días.

Cuando terminó la carrera de órgano, ya desempeñaba puestos de responsabilidad en el Ministerio de Sanidad. Desde luego, José Ignacio no tenía mucho tiempo para paseos, pero siempre ha sabido ser amigo de sus amigos, algo que desde este Colegio sabemos bien.

La conjunción de esas dos vocaciones, la veterinaria y la música, ha sido una fuente constante de satisfacción para Arranz. No dudó ni un minuto cuando le propusimos celebrar el 120º aniversario de nuestro Colegio con un concierto de órgano en la Catedral de Cádiz. Aceptó encantado, aunque sorprendido de que un Colegio de Veterinarios fuera quien propusiera una iniciativa de este tipo. Nos confiesa que, hasta ese momento, había dado recitales relacionados con la Veterinaria, pero nunca como propuesta de un Colegio de Veterinarios, donde se aunaban lo académico, lo científico, lo artístico y lo humanista.

Lo que era un proyecto se convirtió en una realidad. El pasado 10 de abril, celebramos una jornada científico-artística para conmemorar nuestro 120º aniversario, culminada con el concierto de órgano en la Catedral de la Santa Cruz. Durante esos días, José Ignacio pasó un par de días en nuestra ciudad, preparándose para el concierto, en el que compartió escenario con su esposa, la soprano Celia Hierro. Aprovechamos la ocasión para charlar con él sobre su vida y su carrera.

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- ¿Qué supone para usted este concierto?

- Un auténtico privilegio, por muchas razones: Tocar en un órgano inmenso, artístico, histórico... de mediados del S. XIX, como es el órgano de la Epístola de la Catedral... Tocar en un entorno como la Catedral de Cádiz, que es simplemente desbordante, por su arquitectura, por su acústica, por albergar el sepulcro del gran Manuel de Falla... Y un privilegio que el Colegio de Veterinarios que me hizo Colegiado de Honor hace casi 20 años me encomiende la parte artística de la celebración de su 120 aniversario. Me ha hecho mucha ilusión.

- ¿Podríamos decir que un concierto de estas características ha supuesto un reto para usted?

- Sin duda. Pero entendamos que un reto no significa necesariamente un desafío que te tensa y que te impide disfrutar de lo que estás tocando (si el intérprete no se siente interpelado por la música que toca, difícilmente podrá transmitir emociones positivas a su auditorio...). Un reto, en el sentido de que había que prepararlo muy bien, hacerse bien con un instrumento histórico con personalidad propia, escoger bien los registros de acuerdo con la acústica de la catedral, escoger los niveles de intensidad y colores de sonido más adecuados para acompañar las intervenciones de la soprano, llenar el templo sin atronar... Tocar un órgano histórico nunca es fácil. En esto no cabe el dicho de "llegar y besar el Santo". Y un reto, también, al ser consciente de que este recital ponía el broche a una celebración institucional importantísima, esta efemérides de los 120 años del Colegio... Todo esto requiere de un nivel importante de preparación, de concentración... pero que no impida que la música fluya. 

- Cuéntenos un poco del órgano que ha tocado.

- La Catedral de Cádiz tiene dos órganos históricos, enfrentados, sobre la sillería del coro, pero sólo el del lado de la Epístola está operativo. Es un instrumento... curioso, si se me permite el calificativo, y lo elijo porque, estando construido en la época en la que empezaba el esplendor de los órganos románticos (es de 1848, contemporáneo del de la iglesia parisina de La Madeleine), la mayoría de sus recursos son puramente barrocos. Aunque dispone de bonitos registros de órgano romántico (que procuré sacar en el concierto, para que todos pudieran disfrutar de ellos), llama la atención su excelsa lengüetería (trompetería para que nos entendamos)... ¡Maravillosa!  La pena es que muchos de estos registros, tan sensibles sus tubos a los cambios de temperatura y al entorno, no se encuentran en el estado de afinación que uno hubiera querido encontrar... En general, todo el órgano está pidiendo un repaso a fondo, para próximos conciertos y para la propia liturgia de la Catedral.  Porque es una joya de órgano, y como tal hay que cuidarlo.  He tenido ocasión de tocar grandes y preciosos instrumentos en otras catedrales, iglesias y auditorios (catedrales de Segovia, Murcia, León...entre otras ) y, desde luego, este órgano de la Catedral de Cádiz pasa a formar parte de mis preferidos, aunque haciendo votos para que una pronta restauración le devuelva todo su esplendor. 

- ¿Cómo se ha apañado para llevar adelante dos actividades que tanto le demandan, como la veterinaria y la música?

- Pues es verdad que no es fácil, y que requiere indudable sacrificio y renuncias, pues las dos cosas reclaman que te las tomes absolutamente en serio y, más aún: que las ames. Si lo consigues, la satisfacción es indudable. Ayuda el carácter innegablemente vocacional, en mi caso, para ambas actividades. Así, las renuncias, el escaso tiempo para el ocio, los esfuerzos... se llevan con alegría y convencimiento. También es verdad que un entorno familiar que te entienda y "soporte" este tipo de vida ayuda mucho. Yo he tenido la suerte de que en mi mujer, Celia, también se da la dualidad ciencia y arte, pues es médico y además estudió piano y canto. ¡Ha dado conmigo este concierto en Cádiz! Nuestros hijos tienen indudables cualidades musicales, pero no se dedican a ello. Sí que tenemos una excelente veterinaria, nuestra hija menor. Todos vivimos la "recompensa" de esta cultura del esfuerzo. 

- ¿Algún apunte más?

- Me encantaría que el conjunto de la sociedad pusiera en valor (usando este galicismo, tan de moda) la actividad de los Veterinarios. Me bastaría con que tuviesen una ligera idea de lo muchísimo que la Veterinaria hace por la sociedad. Creo que a veces somos los grandes desconocidos... Y también me gustaría que constatasen que la actividad humanística y artística, tan conocida en el ámbito de otras profesiones sanitarias, se da también, y con excelencia, en nuestra Veterinaria: Tenemos escritores, pintores, músicos... Yo he procurado, por la parte que me tocó el pasado día 10, dejarlo  patente. ¡Me ha encantado participar así en este 120 aniversario!

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